El Instituto
Situado en el cruce de las sendas de la universidad, la cultura no académica y el psicoanálisis, 17, Instituto de Estudios Críticos es un espacio de escritura: ámbito de la construcción y desconstrucción de nociones, formas y horizontes. 17 interviene en problemas desatendidos por otras instancias: promueve la investigación, la enseñanza y la difusión de los estudios críticos en los ámbitos de la literatura y la crítica literaria, la filosofía, la crítica, teoría y curaduría del arte, el pensamiento político, el psicoanálisis, los estudios críticos de la 'discapacidad', los estudios de la 'gestión cultural', los estudios críticos de la edición, los estudios críticos de la religión, el derecho crítico y los estudios críticos de la gestión. Asimismo, promueve intervenciones culturales, brinda servicios de consultoría. Hace converger al conjunto de sus facetas en las publicaciones que edita: www.diecisiete.mx y www.politicacomun.org.
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Celebramos 10 con Diecisiete,
En 2011 celebramos nuestro décimo aniversario y marcamos la ocasión con el lanzamiento de Diecisiete, teoría crítica, psicoanálisis, acontecimiento, publicación electrónica que circulará en papel tres veces al año. Diecisiete es el sedimento editorial de todo cuanto genera el cruce de caminos que es 17.
Español e inglés: Política común
2011 también marcó el inicio de las actividades del Instituto en inglés. De este modo ampliamos nuestros intercambios con colegas de los más diversos contextos y latitudes. Así lo consigna la publicación de Política común. A Journal of Thought, revista con textos en español e inglés coeditada por 17 con Texas A&M University, la University of Aberdeen (Escocia) y la Università degli Studi di Salerno (Italia).
Los estudios críticos
Fruto de las contribuciones de esos tres maestros de la sospecha, Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche y Karl Marx, así omo de sus legatarios intelectuales contemporáneos, los estudios críticos se ocupan de la vida social y cultural. Se distinguen por su compromiso con el acontecer de su tiempo, así como por su carácter inter-, trans- o pos-disciplinario y su orientación en relación con tres motivos principales: la subjetividad, el lenguaje y la hegemonía. No sólo se conciernen de modos innovadores con objetos de conocimiento heredados, también levantan el inventario crítico de los saberes o prácticas tradicionales y zanjan nuevas interrogantes.
Orientaciones
A lo largo de los últimos años hemos establecido un creciente número de orientaciones, cuyas expresiones abarcan el posgrado, la división de extensión académica, la consultoría y el ámbito editorial del Instituto. Dichas orientaciones son: Investigación crítico-teórica (en literatura, filosofía, pensamiento estético y pensamiento político), Psicoanálisis (esta orientación halla expresión en sus propios espacios, motivo por el cual no queda reducida a la actividad universitaria), Estudios de la 'gestión cultural', Estudios críticos de la 'discapacidad', Crítica, teoría y curaduría de arte, Estudios críticos de la edición, Estudios críticos de la religión, Derecho crítico y Estudios críticos de la gestión.
¿Por qué 17?
El nombre propio del Instituto, la cifra 17, recuerda el llamado recíproco de la crítica cultural y el psicoanálisis que tuvo lugar en el marco de la Escuela de Frankfurt antes de la hecatombe alemana de la década de 1930. Fueron los investigadores sociales quienes atrajeron por primera vez a su ciudad a un pequeño grupo de psicoanalistas y les hicieron un lugar en su edificio. El resultado de sus intercambios fue un importante legado contra el totalitarismo. El espacio que cohabitaron llevaba por número el 17. Destruido por la guerra, de él sólo quedan las letras a las que dio y aún dará lugar.
Propuestas para 17
Con el fin de multiplicar los motivos, la proveniencia, las temáticas y las estrategias de los proyectos acogidos por 17, Instituto de Estudios Críticos, convocamos a todos los interesados, dentro o fuera de México, a proponernos nuevas iniciativas. Las sugerencias podrán tener un carácter académico, cultural, psicoanalítico, editorial o de consultoría; serán ubicables en cualesquiera de las áreas del conocimiento o la actividad de 17; transcurrirán en español o en inglés; y serán celebrados en presencia, en línea o de manera mixta. El instituto recibirá toda propuesta en estricta confidencialidad, reconocerá las labores de los autores y acordará con ellos el modo de llevarlas adelante. Quienes las formulen podrán asumirse como impulsores y ejecutores de las mismas. Si los emprendimientos producen beneficios, éstos serán objeto de acuerdo entre las partes, en el marco de nuestra normatividad como organismo civil sin fines de lucro. La presente convocatoria permanecerá abierta todo el año y los proyectos recibidos serán revisados mensualmente por el Comité de nuevas iniciativas. Para remitir las propuestas, favor de completar el formulario correspondiente, según su naturaleza, aquí.
Breves notas sobre 17, presentadas en ocasión de un encuentro psicoanalítico, por Benjamín Mayer Foulkes
17, Instituto de Estudios Críticos celebra este 2011 su primera década de actividad pública. Nuestro primer encuentro, que convocó a psicoanalistas e intelectuales asociados con posiciones laicas a referirse a la perdurabilidad de las diversas formas de la fe, tuvo lugar sólo unas cuantas semanas antes del 11 de septiembre de 2001. Fui el fundador de 17 y soy aún su director; por eso sé bien que sin la participación de una legión de colegas, psicoanalistas y no, amigos y no, dentro y fuera de México, el Instituto jamás habría hallado asidero. Aunque lo visualicé por primera vez desde la fecunda lentitud de mi propio psicoanálisis —desde entonces quedé tomado por su idea: una máquina productora de silencio— no se trata de un emprendimiento personal, sino de la apuesta por un lazo social del que nada quedaría si no fuese acogido y retransmitido, con variaciones, por otros.
17 consiste, y no, en un dispositivo psicoanalítico; es, y no, una institución universitaria; se comporta, y no, como una iniciativa cultural. Su existencia transcurre según el modo de esas tres instancias… y de ninguna de ellas. Respuesta idiomática a la situación del psicoanálisis, de la universidad y de los circuitos de la cultura en México enfrentada por mí y por tantos otros, antes y todavía, 17 promovió desde su origen la yuxtaposición continua, asonante y disonante, de la práctica psicoanalítica, el pensamiento crítico y la creación. ¿Es posible tal cosa? Sí, a partir de la referencia, igualmente sostenida, de ese “anhelo de lo totalmente otro” referido por Theodor Adorno y Max Horkheimer que, de momento, se muestra capaz de sustituir, sin ser propiamente un sinónimo, el deseo “de alcanzar la diferencia absoluta” apuntado por Jacques Lacan en relación con el deseo del analista. Bisagra preciosa de la teoría crítica y el psicoanálisis.
17 se brinda, entonces, como una suerte de +1. Es decir, como un suplemento en el sentido de Jacques Derrida: menos que nada y, por sus efectos, mucho más, ni presente ni ausente, ninguna metafísica, ninguna metapsicología podrían localizar su operación, aunque a su punto de fuga acudan y retornen con insistencia nuestras pulsiones de sistematización. Suplemento siempre viable aunque nunca único de la constelación gremial psicoanalítica hoy concretamente existente en México, como también de sus circuitos culturales, universitarios y un etcétera deliberadamente abierto, el efecto 17 es capaz de desplegarse hasta ahora en México o más allá, en castellano o en la agujereada lengua de James Joyce, en persona o mediadamente, por vía digital o en papel. Contra las apariencias, la suya no es una vocación marcada por el infinitismo de la histeria sino por el ejercicio constantemente posible y necesario de la ética instituyente que caracteriza al acto analítico.
Por eso la escritura cumple entre nosotros una función decisiva: es el denominador común que posibilita el montaje cotidiano de la clínica, la crítica y la creación. La escritura no como una inscripción meramente libresca, sino como una marca ya también psicoanalítica y desconstructiva, jeroglífico sagrado aludido por Freud a propósito de los sueños que cifra los registros Simbólico, Imaginario y Real, al no cesar tampoco de no escribirse. De donde nuestro amplio recurso al Internet, no como proeza de la telecomunicación, sino como máquina de escribir capaz, por ende, de refractar el tiempo y el espacio en el sujeto. Membrana carente de interior ni exterior, el Instituto encarna aquí y allá, dentro y fuera del país, según la hospitalidad ofrendada por otros. Con la única excepción de sus publicaciones, cuyas páginas, no sin ironía (recordemos aquí los poemas de Edmond Jabès), son nuestro único territorio propio.
Aunque también hay un segundo motivo por el cual hoy nos concierne crucialmente el entorno digital: en tanto que indicador invaluable de la naturaleza de los lazos sociales contemporáneos. Lacan elucidó (en El reverso del psicoanálisis, su décimo séptimo seminario) las operaciones clásicas de la religión y la política, la ciencia, el arte y el psicoanálisis concebidos como tantas formas del lazo social. Pero bien podemos preguntarnos si sus codificaciones originales permanecen fieles a las formas en que los habitamos en la actualidad. No es difícil suponer que los modos tradicionales de tales lazos han experimentado mutaciones profundas a lo largo de los últimos tres siglos, como resultado de la caída paulatina de la referencia paterna —figurada como muerte de Dios, decapitación del rey, eclipse de la autoridad— así como por el consiguiente ascenso vertiginoso del sujeto burgués como protagonista del capitalismo. Resulta patente la consiguiente transformación del saber, como también de las gamas de la subjetividad. El saber pierde su carácter cosmogónico y su gradual discretización termina por desnarrativizarlo. En cuanto a la subjetividad, ésta termina por quedar ubicada entre dos manifestaciones extremas: el narcisismo de un sujeto tan inflado como estancado (estanflado, dirían los economistas de los años 80) y la miseria de quien se halla en situación de radical desposesión de sí, cuya experiencia corresponde a una de las tantas franjas sociales hoy valoradas, tácitamente o no, como “prescindibles”.
En México, como en otros sitios, hoy conviven, no sin tensiones, las formas tradicionales de la ley, del saber y del sujeto con sus gamas contemporáneas. Y conviven, asimismo, no sin tensiones, los modos del malestar subjetivo que les corresponden. ¿Cómo hemos los psicoanalistas de dar cuenta de ello? Más aún, ¿cómo hemos de responder? Desde luego, el psicoanálisis mismo no se permanece ajeno a las mutaciones en juego. La multiplicación de las psicoterapias es fiel indicio de ello: en éstas el sujeto es asaltado por supuestos saberes expertos, que se precipitan a parapetar los Yo tambaleantes. La sugestión, originalmente apartada por Freud al dar lugar originalmente al psicoanálisis, vuelve por sus fueros. El contraste entre el psicoanálisis y las psicoterapias no podría exagerarse: en éste el sujeto se enfrenta—merced al silencio primario del analista— con el goce que ronca tras su sufrimiento… y su saber. Mas el psicoanálisis, lo que se da en llamar “psicoanálisis”, tampoco permanece incólume ante la gravitación psicoterapéutica; entre lacanianos, el caso ejemplar es la Psicología del yo, pero resultaría impreciso e injusto suponer que dicha Psicología tiene en este sentido la exclusiva: aquí y allá, a menudo en los lugares menos esperados, descubrimos la misma tendencia a hacer del psicoanálisis un saber consistente. Por buen motivo recurrimos hoy, entonces, a aportes como los de Michel Foucault y Jacques Derrida en la búsqueda de apoyo adicional en la labor ineludible y cotidiana de sostener una especie de asepsia psicoanalítica capaz de contraponerse a los resabios y reincidencias del saber en nuestra práctica. Qué (aparente) paradoja. ¿Podremos hacer de tal labor aséptica y escéptica algo siempre posible? ¿Y qué hacer cuando, de pronto, nuestros recursos parecen haberse agotado?
Considero que en nuestro medio inmediato y más allá, este fue uno de los debates torales de la década de los 90, años de la primera gestación del Instituto. Entre sus focos destacó el polémico y fecundo intercambio entre quienes se situaban en las estelas de Lacan y de Derrida. En México, se ocuparon del asunto colegas como Frida Saal y Marcelo Pasternac. A diferencia del segundo, yo no consideré necesario optar sólo por uno de ellos. Ni tampoco sostuve, como podría esperarse, que bien convendría algo así como un psicoanálisis “derridiano”. Pienso en cambio que la aportación de Derrida consiste en proveer un suplemento, permanente, ubicuo y vital a Freud y a Lacan, entre otros. 17, Instituto de Estudios Críticos podría ubicarse en el contexto que de este debate en la medida en que su vocación es y ha sido ofrecer otra escena a manifestaciones e inquietudes que tienden a permanecer ocluidas en nuestro medio.
El Lacan de los Cuatro discursos me brindó la posibilidad de imaginar que la desconstrucción, a menudo malentendida como una “filosofía” o un “método literario” podría ser considerada como una clase particular de lazo social. Si el psicoanalista francés describió el Discurso del analista como un lazo social, yo me he arriesgado a proponer que la desconstrucción también consiste en un tipo de lazo social, cercanamente emparentado, pero distinto, al Discurso del analista. Lo que no debe sorprender si recordamos que en el corpus derridiano hay más referencias a Freud que al propio Heidegger. La desconstrucción no es el psicoanálisis, pero en efecto consistiría en otra vertiente del freudismo. El error de André Green, suponer que la desconstrucción consiste en un psicoanálisis de la filosofía (cfr. “Freud y la escena de la escritura”, de Jacques Derrida), es un traspié singularmente útil y revelador.
¿Cuál sería, pues, en definitiva la diferencia entre el psicoanálisis y la desconstrucción? Si en el psicoanálisis el sujeto es interpelado por el goce a fin de promover la producción de un significante nuevo en nombre del cual pueda encarar mejor a los otros significantes, el lazo desconstructivo consiste en direccionar ese mismo residuo inasimilable hacia una u otra forma significante para descompletarla y lograr reabrir un lugar para el sujeto ahí donde éste parecía inexistente, o bien permitir la instauración de nuevos principios de ordenamiento en la vida personal y social. El lance de 17 es la experiencia de este (doble) lazo desconstructivo desplegado al paso del tiempo en diversas direcciones.
Por eso 17 es, y no es, un dispositivo psicoanalítico, un emprendimiento cultural y una edificación universitaria. En lo tocante a su acto, 17 se deja describir incluso en los términos de una intervención en el sentido que adquiere este término específicamente en el contexto del arte contemporáneo. Aludo de nuevo a los desarrollos que nos permiten los discursos de Lacan para afirmar que tales intervenciones consistirían esencialmente en interpelar a la ley en nombre del sujeto sobre la base del goce residual, con la producción consiguiente de nuevas ilaciones significantes. La operación del lazo desconstructivo no sólo no completa el saber, sino que mina implacablemente sus espejismos. Estamos aquí ante la inversión del lazo universitario clásico: ahí donde la academia siempre quiere ensanchar el imperio del saber en dirección de todo lo que permanece radicalmente ajeno a él, nuestro lazo interpela, en nombre de tal extrema extrañeza, las construcciones del saber, incluidas las psicoanalíticas (o, más bien, las “psicoanalíticas”, entre cuidadosas comillas).
¿Cuál ha sido entonces el sentido de nuestros afanes desde 2001? Contraponernos al aislamiento del psicoanálisis respecto a las humanidades contemporáneas y la creación; sustituir la seriación del psicoanálisis con la psicología y la psiquiatría (la supuesta serie psi-) por una adyacencia de nuestro quehacer con la “historia de la cultura”, la “mitología”, la “psicología de la religión” y la “ciencia de la literatura”, ámbitos a los que se refirió abiertamente el Freud de ¿Pueden los legos ejercer el análisis?, reinterpretando, claro está, dichos ámbitos en los términos que corresponden a sus manifestaciones actuales en las ciencias del lenguaje, la literatura, la filosofía, el pensamiento político y estético; reintroducir la clínica psicoanalítica en los debates de la teoría crítica contemporánea (entendida como el conjunto de los legados y los autores legatarios de Freud, Marx y Nietzsche); relacionar a los investigadores del pensamiento psicoanalítico, a los “teóricos del psicoanálisis”, con los psicoanalistas practicantes quienes nos ocupamos cotidianamente del malestar subjetivo; recuperar la cercanía constitutiva del psicoanálisis con la escritura como materialización del discurso; hacer de la lectura la piedra de afilar del oído psicoanalítico y ocuparnos de la transferencia al texto; replantear la pregunta por la dimensión social y la posibilidad del psicoanálisis afuera, allende el consultorio.
He insistido en que el Instituto es y no es una y varias cosas. Bien se me podrá espetar que cantinfleo. Lo concedería gustoso: creo que los psicoanalistas mexicanos aún no hemos sabido valorar la singular capacidad creadora del cantinfleo, entre otros mexicanísimos parloteos. Nuestro país es asimismo el nombre de una singular confluencia de exilios, y el Instituto porta las marcas de varios de ellos. ¿Cómo acogerlos, afirmarlos, cultivarlos? Tantas preguntas fundadoras asimismo del psicoanálisis y la teoría crítica que hacemos nuestros. La cifra que es el nombre propio el Instituto refiere al número 17 de Victoria-Allee, en campus de la Universidad de Frankfurt, donde fue erigido en 1923 el edificio del Institut für Sozialforschung que después sería asociado para siempre con las presencias de Max Horkheimer, Friedrich Pollock, Leo Lowenthal, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Walter Benjamin. Su promotor, judío y alemán, como se sabe, tenía adicionalmente dos nombres muy castizos, pues había nacido y vivido en Buenos Aires hasta los nueve años y más tarde sostuvo en la Argentina una visible carrera como funcionario e intelectual público: Lucio Félix José Weil. No es lo bastante conocida la presencia en el mismo edificio, a partir de 1929, del Instituto de Psicoanálisis de Frankfurt, dirigido por Karl Landauer y Heinrich Meng, de cuya clínica fue mi abuelo materno, S. H. Foulkes, por azar el primer director. Los intensos intercambios que siguieron entre los investigadores sociales y los psicoanalistas signaron el trabajo de Erich Fromm, pero también el de Norbert Elias, así como el análisis de grupos desarrollado ulteriormente por Foulkes a lo largo de su exilio británico. Mi abuelo huyó con los suyos de Alemania en 1933 y en Ginebra Horkheimer le confirmó que todo estaba perdido. Traza de la insólita iniciativa de Weil; marca de la acogida del psicoanálisis por la crítica social en su interrogación crucial del pensamiento ilustrado; símbolo de la resistencia política a la hecatombe totalitaria, 17 es también mi homenaje personalísimo a las palabras del amigo. Lejano eco de una luz extinta, este número es para mí la nominación imposiblemente universal de lo que cada destierro deja atrás.
Por eso el 17 no es una bandera. Sirve como índice de la relación del psicoanálisis con la teoría crítica, pero no afirma al psicoanálisis, digamos, de “corriente frankfurtiana”. No se trata aquí de un gesto de escuela. Significante de psicoanalítica intimidad, en su paso a lo público el 17 funge menos como un significante amo que a modo de un significante de la falta en el Otro. El Instituto no llama a la asunción de una u otra posición, sino a la producción con otros de los significantes de cada uno: los significantes amo y los significantes de la falta en el Otro. Y de hacerlo, como diría Derrida, sin condición (Universidad sin condición), por cualesquiera vías clínicas, críticas, creadoras:
He aquí lo que podríamos, por apelar a ella, llamar la universidad sin condición: el derecho primordial a decirlo todo, aunque sea como ficción y experimentación del saber, y el derecho a decirlo públicamente, a publicarlo.
Soy el primer sorprendido de poder dar testimonio de su efectiva posibilidad. Todos y cada uno de los pliegues del Instituto sirven a ese propósito, aún si fungen a la vez a modo de embalaje de una interfaz necesaria. Ser y, además, no ser: movimiento peculiar que nos remonta al marranismo de aquellos judíos de la España de los Reyes Católicos quienes, forzados a la conversión, hubieron de sostener en privado sus convicciones. Frente a la universidad, frente a la cultura, frente a nuestro incipiente Estado, frente al mercado, como también de cara a la institución psicoanalítica, la de 17 es cotidianamente una práctica marrana. Motivo por el cual la formulación original del Instituto habría tomado amplia inspiración de los fotógrafos ciegos, en primer lugar del esloveno-francés Evgen Bavčar, pionero de esa luminosa práctica que es la fotografía de invidentes. Bavčar participó de los seminarios de Lacan y Derrida y no por casualidad a menudo termina por ser el confidente predilecto de muchos de sus amigos psicoanalistas.
(Una versión ligeramente más larga de este texto fue presentada durante el coloquio “Historia del psicoanálisis en México: pasado, presente y futuro”, celebrado el sábado 24 de septiembre, 2011, coordinado por Martha Reynoso, convocado por el Instituto del Derecho de Asilo, A.C. / Museo Casa de León Trotsky.)
Directorio
Dirección
Benjamín Mayer Foulkes
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Coordinación académica: posgrado y extensión
Francisco Roberto Pérez
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Coordinación de psicoanálisis
Jessica Bekerman
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Coordinación de estudios de la 'gestión cultural'
17, Consultoría
Ishtar Cardona
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Coordinación de estudios de la 'discapacidad'
Beatriz Miranda
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Coordinación de derecho crítico
Edgar Valdés Kinney
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Extensión académica
Paulina Tambutti
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Editorial
Etelvina Bernal
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Promotora de proyectos editoriales
Marilú Olmos Rodríguez
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Comunicación institucional
Joanne Trujillo Argüelles
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Finanzas
Sol Zamora
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Enlace académico
Sonia Radaelli
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Programa internacional de pasantías/internships
Alejandra Quiroz Hernández
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Webmaster
Wendy Hidalgo
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Asesoría tecnológica
Alejandro Malo
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Administración
Sandra Herrera
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Apoyo logístico
Rogelio García Santiago
Investigadores
Investigador eméritoDirector fundador del Laboratorio de lo invisible
Evgen Bavcar
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Investigador asociado
Aldo Trucchio, Université de Genève
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Miembros del Consejo interno
Jessica Bekerman
Andreas Ilg
Agnès Mérat
Beatriz Miranda
Guillermo Pereyra
Iván Ruiz
Consejo
Benjamín Arditi, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Ginnette Barrantes, École Lacanienne de Psychanalyse, San José
Evgen Bavcar, Centre National de la Recherche Scientifique, París
Mario Bellatin, Escuela Dinámica de Escritores, México
Geoffrey Bennington, Emory University, Atlanta
Sergio Benvenuto, Journal of European Psychoanalysis, Milán
Homi Bhabha, Harvard University, Boston
Néstor A. Braunstein, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Monique David-Menard, Université de Paris VIII, París
Bolívar Echeverría (1941 - 2010)
Felipe Ehrenberg, artista independiente, Sao Paulo
Karen Lisa Goldschmidt Salamon, University of Copenhagen, Copenhague
Dominick La Capra, Cornell University, Ithaca
Marta Lamas, Revista Debate Feminista, México
Pedro Meyer, Fundación Pedro Meyer, México
Raymundo Mier, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México
Alberto Moreiras, University of Aberdeen, Aberdeen
Roberto P. Neuburger, Hospital "Dr. I. Pirovano", Buenos Aires
Philippe Ollé-Laprune, Casa Refugio Citlaltépetl, México
Carlos Pereda, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Raúl Quesada, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Jean-Michel Rabaté, University of Pennsylvania, Filadelfia
Cristina Santamarina, Comunicación Imagen Opinión Pública (CIMOP), Madrid
Ilán Semo, Universidad Iberoamericana, México
Edson Luiz André de Sousa, Universidade F.do Rio Grande do Sul, P.Alegre
Davide Tarizzo, Università degli Studi di Salerno, Salerno
Elida Starosta Tessler, Universidade F.do Rio Grande do Sul, P.Alegre
Conrado Tostado, Embajada de México en la India, India
Consejo asesor
Roger Bartra, Universidad Nacional Autónoma de México, México




